domingo, 30 de septiembre de 2012

Discurso de Jon Guarrotxena en la inauguración de la exposición "Bombardeo de Gernika - 75 aniversario"


Sra. Susana Villarán de la Puente, Alcaldesa Metropolitana de Lima

Sra. Ana María Urchueguía, Delegada del Gobierno Vasco para Chile y Perú

Sr. Dr. Raúl Noblecilla, Presidente de Euskaletxea de Lima

Mons. Miguel Irízar, Obispo de Yurimaguas y Callao durante muchos años

Sres. Invitados y amigos todos

 

La Villa de Gernika, a diez kilómetros del mar cantábrico, se asienta en el valle de Urdaibai, a la vera del río Oka que, en las mareas altas, trae agua salobre hasta la población. Sin embargo, Gernika no tiene tradición pesquera y vive del comercio y pequeñas industrias. Todo su entorno, de verdes colinas, está sembrado de caseríos o poblados de unos 500 a 700 habitantes, entre ellos está mi Errigoiti natal. En el censo de 1930, Gernika contaba con 5,229 habitantes. La Villa Foral, conserva una bella Casa de Juntas, donde desde antiguo, y bajo el árbol sagrado del roble, juraban los reyes respetar las libertades del pueblo vasco. En este mismo lugar, José Antonio de Aguirre fue elegido presidente de los vascos, con la tácita aceptación de monárquicos y republicanos prestó juramento de su cargo, bajo el roble sagrado, el 7 de octubre de 1936, como Lehendakari de Euskadi, País Vasco Autónomo, y…. la guerra ya se sentía muy cerca.

Precisamente, en diciembre del mismo año, la Legión Cóndor había recibido del comando supremo franquista la instrucción de bombardear “masas humanas para convulsionar la moral de las fuerzas enemigas” y así, el 31 de marzo de 1937, un intenso bombardeo al pueblo de Durango, a 25 km. De Gernika, dejó 330 muertos.

Las gentes de una veintena de caseríos que rodean Gernika solían bajar a la villa los días lunes para vender sus productos agrícolas, aún hoy siguen haciéndolo, ya que, con la utilidad que percibían, podían adquirir lo necesario para la casa. Ello daba a la villa un movimiento comercial importante y, desde distintos puntos del país vasco venían compradores y vendedores; esta es la imagen del Gernika de entonces.

A pesar de que se sentía muy cercano el rumor de la guerra las usanzas seguían siendo las mismas. El lunes 26 de abril de 1937, como era usual, llegaron a la plaza las campesinas de la zona a vender sus productos. Era un día claro y tranquilo de primavera, pero a eso de las 14.45, se escuchó el ruido ensordecedor de los aviones Heinkel He 111, que comenzaron a tirar sus bombas sobre la población civil, la que se encontraba completamente indefensa, y que casi duplicaba los 5,000 habitantes, debido a los refugiados que llegaban huyendo de los frentes del este y a los comerciantes venidos al mercadeo. Seguidamente, los K 88 sembraron sus bombas explosivas e incendiarias, y ametrallaban a la población que corría desorientada. La tarde se tiñó de oscuridad y sangre, pero el bombardeo no cesó hasta las 19.30 horas, con ligeras intermitencias. Total, la descarga fue de toneladas de bombas que destruyeron el 70% de las casas del poblado, aunque muchas de las bombas cayeran en la campiña.

Ese lunes estuve en Gernika, tenía tres años y, probablemente mi madre, ante mis lloros, consintió en llevarme a visitar a mis dos hermanas mayores, Kollestine y Maritxu, de 21 y 18 años. La mayor trabajaba con Conde Arana y Maritxu en el colegio de las Carmelitas, ayudaba y estudiaba. Terminadas sus compra- ventas y, después de despedir a las hijas, mi madre salió camino a su casa con sus primas y su niño. Yo viajaba en una de las canastas del burro, transporte usual en el medio. Estando a mitad de la colina de Aizerrota, escucharon el rugido de los aviones y vieron como comenzaba el bombardeo. Yo era ajeno a todo, pero ahora sé que para mi amatxu, debió ser terriblemente angustiante e imborrable el espectáculo que, desde la colina observaba con incredulidad. Aquellas imágenes y aquel momento no los pudo olvidar durante todo el resto de su vida que fue bastante corta. Sus dos hijas salieron ilesas. Mi hermana Maritxu, pese a sus 93 años, recuerda con lucidez aquel trágico lunes.

El jefe de la legión Cóndor escribió con gran cinismo, en su reporte del día subsiguiente: “Guernica, ciudad de 5,000 habitantes, ha sido literalmente arrasada. El ataque se realizó con bombas de 250 kilos y bombas incendiarias… aún se ven los hoyos de las  bombas en las calles, realmente fantástico” ¿Cuánta gente murió en Gernika, la respuesta correcta nos da Steer, corresponsal inglés de The Times: “Para el pueblo de Gernika no fue cuestión de cifras, sino el terror inconmensurable e infinito”

En los meses que siguieron a la guerra, la situación de los refugiados fue inhumana, estaban sin patria y sin pan. José Antonio de Aguirre, presidente de Euskadi, recorrió países buscando voluntades para acogerlos, también llegó al Perú, donde el gobierno de Benavides autorizó el arribo de un barco con refugiados procedente de Francia, pero antes de llegar al Callao hubo elecciones y cambio de gobierno; Prado Ugarteche, ante la arremetida de la prensa, que alegaba que los exiliados eran comunistas, revocó la autorización.

Hoy conmemorando los 75 años de aquella tragedia, y como un homenaje a todos los que sufrieron la barbarie, decidámonos a poner todos nuestros esfuerzos al servicio de una paz digna, equitativa, justa, sin desfallecer por las contrariedades, esa debe ser nuestra misión. Otra razón que tambiéndebe impulsarnos por este camino es la celebración de los 400 años de la fundación de La Ilustre Hermandad de Nuestra Señora de Aranzazu de Lima.

El historiador Lohmann Villena, expresa así su admiración por esta hermandad: “Espíritu de fraternidad regional que anidaba en el ánimo del nutrido contingente de vascongados con residencia en esta capital del Virreinato peruano”. El próximo domingo 9 de setiembre se celebra la fiesta de la Virgen de Arantzazu, nos reuniremos en San Francisco de Lima, sede de la ilustre cofradía. Monseñor Miguel Irizar, obispo emérito de Yurimaguas y Callao, presidirá la Misa a las 11 del día, están cordialmente invitados, pues una oración juntos y compartida, nos hará bien a todos.

Como muestra de su amor e integración a este país de acogida; podemos observar la huella del paso de los vascos y de sus hijos por toda Lima. Tres hijos de vascongados: Hipólito Unanue, José Javier Baquíjano y José María de Egaña, fueron forjadores del sentimiento patriótico de la nación peruana; fundando en1787, la “Academia Filarmónica”, luego la “Sociedad Amantes del País”, a imitación de la Real Sociedad Vascongada de amigos del País; a continuación, el “Mercurio Peruano”, medio difusor de sus ideales.

Otro vasco, Matías Maestro Alegría, nos dejó las torres de la Catedral, el Cementerio General, la Academia de Medicina de San Fernando y muchas otras aportaciones artísticas, entre ellas el Retablo Mayor de San Francisco.

Sebastián de Antuñano, de Balmaceda, fue el iniciador y promotor de la Procesión del Señor de los Milagros, de tanto arraigo en Lima y Perú.

Alvaro de Ibarra y Merodio, cuyos padres eran de Berriatua, Bizkaia, fue Capitán General Interino a la muerte del Virrey Lemos. Por ello, se le considera el primer peruano que gobernó su patria. 

Para concluir, muy cerca de aquí, en el Palacio de Osambela, San Martín celebró la proclama de la independencia y con la donación de esteilustre navarro, pudo nuestro Libertador, fundar la Biblioteca Nacional y,prosiguiendo con el tema patriótico, José Bernardo Alcedo Larraín y José de la Torre Ugarte, nos dejaron la música y la letra de nuestro Himno Nacional.
 

Aquí, donde tantos vascongados encontraron una patria nueva, resulta realmente apropiado realizar esta pequeña exposición del recuerdo del dolor del pueblo vasco, que nos trae un mensaje actual y evidente: “La violencia destruye y causa dolor”.

Eskerrak gaur gurekinbilduzaretenguztiori.

Gracias por acompañarnos en este día. GoraGernika. Viva el Perú.

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